Viernes 22 de septiembre del 2017

Nombre: 

Jokin Linaza

Localización: 

Medellín, Colombia

Año: 

2017

YO TAMBIÉN QUIERO SER PAISA

“Hijo mete algo más de abrigo... ¿qué vas a comer allí? Seguro que vuelves más delgado...ten cuidado, llama con frecuencia”… así comenzaba mi experiencia, con los imprescindibles consejos y preocupaciones de mi madre y mi familia. Nunca es fácil dejar lejos a los de casa, a los amigos, el pueblo… en definitiva salir de la denominada zona de confort y más aún cuando viajas a MEDELLÍN (la mundialmente temida ciudad del narcotráfico, de los homicidios, de los secuestros, de la prostitución, de las bandas, de los sicarios…) ¿Asusta verdad? Pues en mi caso a pesar del  típico desconcierto de cuando aterrizas a un nuevo y desconocido lugar la sensación no ha ido más allá. Es más, tengo que confesar que mis sensaciones en esta ciudad han sido bien contrarias al miedo y que en ningún momento me he sentido incómodo ni a disgusto.

Desde el principio la acogida y la hospitalidad con la que me recibió este hermoso país llamado Colombia ha sido espectacular. No lo digo por hacer propaganda al reciente “acuerdo de Paz” del gobierno de turno sino porque sinceramente me he sentido así. Toda la culpa de esto lo tiene la cultura, la música, la gastronomía, el ambiente, los lugares… pero sobre todo los PAISAS. Paisa es como se denomina a la persona que es oriunda o reside en la provincia de Antioquía y algunas zonas limítrofes. Como describir a un paisa… extremadamente amables y educados. Siempre dispuestos a servir y a ayudar en lo que se necesite. Siempre atentos y dispuestos a todo.

Ya nos lo dejo bien claro Isaac en la formación previa a la marcha: “Da igual el lugar, que no os importe lo que digan los telediarios sobre la situación de allí, no vayáis con miedo, id con la mente y el corazón abiertos pero sobre todo dispuestos al encuentro personal ya que eso es lo que realmente os va enriquecer a nivel personal”. Y así ha resultado ser.

Parece mentira pero es cierto. Un simple ¡Buenos días!, un ¿Qué tal amaneció?, un “Que Dios le bendiga”… se tornan mágicos en Ciudad Don Bosco. Si alguien me preguntara como podría describir el famoso término amorevolezza creo que le respondería que viajase a cualquiera de las obras que los salesianos tienen en Medellín y alrededores, porque este ambiente que han creado entre educadores, voluntarios, salesianos, jóvenes, trabajadores y demás personas involucradas en los proyectos es realmente una muy actual versión de lo que Don Bosco buscaba con los pilares básicos de “Razón, corazón y religión” (que tanto nos recordaba a los voluntarios Juan Inazio durante la estancia).

Pero esa cercanía, esa pasión, ese abrazo salesiano, ese acoger con los brazos abiertos, no son más que meros gestos y pequeñas pinceladas de lo que realmente supone la presencia salesiana en el barrio, en la comunidad, en la ciudad, en el país y en definitiva en el mundo. Desde las animadas eucaristías, la formación de los jóvenes, la promoción y empoderamiento  de las mujeres del barrio, hasta los torneos de fútbol del barrio pasando por la gestión de los comedores sociales.

La presencia salesiana se extiende promoviendo los valores que les caracterizan e intentando estar siempre presente en los proyectos de vida de los que más lo necesitan, en el centro de de la ciudad como en la periferia más lejana, y sin olvidar los pueblos más remotos. Ofreciendo su servicio, su atención, su trabajo… a los más desfavorecidos, en definitiva, a los que más lo necesitan. Es cierto que no estaré en la esperada visita del Papa al país, ni que veré florecer muchos de los proyectos de vida de los muchachos con los que con tanta intensidad he compartido bonitos momentos durante mi estancia, es posible que pierda el contacto con muchos de los grandes profesionales con los que he trabajado, probablemente no seré testigo de cómo va a cambiar la vida del resto de voluntarios tras la experiencia, pero lo que si tengo claro es el lema que se encuentra en la puerta del local en el que todos los lunes me juntaba con los niños del barrio de El salado y que decía lo siguiente: “Solo hace historia quien deja huellas de amor”.

Pues bien, esas sonrisas, esos abrazos, esos momentos compartidos han hecho historia en mí y eso es lo que más valoro. Sin olvidar que gracias a esta experiencia he resuelto una de las grandes incógnitas que tenía desde que era pequeño, ya sé que quiero ser de mayor, de mayor quiero ser PAISA.

Para concluir quisiera agradecer a todas las personas que han hecho posible que haya podido vivir esta experiencia de voluntariado, en especial a Leyre, Juan Inaxio, Isaac, Paco, Rafa, James…

PD: Tampoco olvidaré fácilmente la bandeja paisa, los bailes nocturnos, el aguardiente y el ron, la feria de las flores, los partidos de Atlético Nacional…

 

 

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