Miercoles 22 de noviembre del 2017

Nombre: 

Encarna Gallego

Localización: 

Freetown, Sierra Leona

Año: 

2016

Este verano he tenido la oportunidad de ser voluntaria en Don Bosco Fambul, la obra salesiana en Freetown, Sierra Leona, con la que estamos hermanados desde el grupo “Hermana África”. La experiencia me ha permitido ver la realidad de uno de los países más pobres del mundo, acercarme a su gente y conocer la labor que los salesianos llevan a cabo.

 

Enseguida me vi inmersa en sus calles, sus transportes y sus casas; en el caos del tráfico, el olor de los coches, de las cocinas y de la lluvia que me acompañó siempre. Poco a poco fui viendo la belleza de sus colores, de los mercados y de sus gentes.

 

Encontré en la sociedad los efectos de tantos años de asistencialismo: parecen dependientes y conformistas, toleran la corrupción y la injusticia… Pero descubrí en las personas su hospitalidad, su generosidad, su alegría y sus ganas de salir adelante.

 

Compartí casa con Marta, voluntaria de Jóvenes y Desarrollo, que me acogió en su grupo de amigos. Gracias a ella conocí a los vecinos jóvenes, algunos de ellos parte de los Group Home, las casas tuteladas de Don Bosco Fambul, estos jóvenes perdieron su oportunidad de formarse y trabajar debido a la guerra y el ébola, y ahora tienen difícil encontrar hueco en el mundo laboral; los salesianos les ayudan a iniciar esta tarea.

 

Mi principal actividad ha sido en el Girls Shelter (Casa Laura Vicuña). Este es un hogar para niñas que han sufrido algún tipo de abuso, donde se les acoge mientras se resuelve su caso en la Corte y hasta que puedan volver con sus familias. Durante este tiempo se les da apoyo psicológico, médico, jurídico y se les instruye en la prevención del abuso sexual.

 

Los primeros días fueron muy duros porque mi inglés no es bueno y su acento muy diferente, además el choque cultural es grande. La visión de la infancia y el sentido del tiempo son muy distintos.

 

Poco a poco aprendí a mirar desde su realidad y a adaptarme a las circunstancias. Las chicas me ayudaron mucho, pude ver que ellas –que habían sufrido una experiencia tan dura– siempre estaban alegres y eran muy confiadas y agradecidas, así que preparé actividades para ellas. 

 

Les gustó mucho tener pinturas y papel y realizamos dibujos para conocer sus inquietudes, talleres de autoconocimiento, autoestima, actividades educativas sobre las partes del cuerpo, lectura. Después teníamos momentos más lúdicos. Hacíamos ganchillo, jugábamos al parchís, cantábamos… cuando la lluvia nos daba una tregua bajábamos al patio a saltar a la comba o saltar en la cama elástica.

 

Lo más bonito fue convivir con ellas. Me enseñaron sus canciones y yo les enseñé algunas de aquí, les gustaba mucho que les hiciera fotos o grabara vídeos. El tiempo en el Girls Shelter me permitió conocer el Rainbow Centre, una entidad que atiende gratuitamente a niñas y mujeres víctimas de abuso sexual. Allí sentí, junto a la tristeza por la elevada frecuencia del abuso, la alegría por las personas dedicadas a luchar por la justicia y la dignidad de la mujer. Mi experiencia en la Corte no fue tan positiva, en las dos ocasiones que acudí no se presentaron los acusados y sólo se pudo posponer la cita.

 

El Childline es una línea telefónica abierta 24 horas para chicos que sufren agresiones o precisan ayuda. Nos trajo a Sadiqui (nombre figurado), un muchacho que había sufrido una paliza. Los Salesianos le llevaron a Urgencias, le acogieron y le acompañaron, porque como me dijo Jorge Crisafulli, director de Don Bosco Fambul, ésa es su tarea.

 

El proyecto también llega a la cárcel. Pademba Prision trata de mejorar las condiciones de vidas de los presos, a través de reuniones y se tienen reuniones con ellos. Próximamente se iniciarán programas de educación no formal y formación técnica para ayudarles a su reinserción a la salida de la prisión.

 

Por las tardes y los fines de semana estaba en casa conociendo el REHA Project que acoge durante 9 meses a chicos en situación de calle, les ofrece un techo, comida,  baño… pero no sólo eso, les ayuda a convivir sin la violencia de la calle, les da atención médica, orientación, educación, actividades de tiempo libre y, por último, trabaja en la reinserción familiar y realiza el seguimiento y apoyo para que continúen sus estudios cuando ya están con su familia. Conocí a los chicos al regreso de sus vacaciones con sus familias para preparar su vuelta a casa definitiva.

 

El domingo fui con ellos a misa en la Parroquia con ellos: 45 minutos andando en fila, casi 2 horas de misa muy animada por los cantos y, la vuelta en el truck por la lluvia. Ellos siempre felices. Es genial charlar con ellos de sus proyectos de futuro y escuchar lo agradecidos que están, no parece que hayan vivido en la calle. ¡El trabajo de reinserción ha funcionado muy bien!

 

Estoy muy feliz por estas semanas de voluntariado. He descubierto aspectos de mí que desconocía. He aprendido a no mirar la realidad de otros desde mi punto de vista, y pienso aun con más fuerza que la pobreza, la corrupción y la injusticia no son aceptables y que debemos luchar contra ellas sin descanso.

 

*Encarna es voluntaria de Hermana África, grupo solidario hermanado con la obra salesiana que tiene como objetivo acoger, atender y educar a los niños y niñas en situación de vulnerabilidad en Sierra Leona. A su vez, realizan actividades en Alcalá de Henares para sensibilizar a su comunidad sobre las situaciones de injusticia y también sobre la riqueza de la vida en África.

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