Domingo 28 de mayo del 2017

Nombre: 

María Diez

Localización: 

Portonovo y Cotonou

Año: 

2015

En los mercados de Cotonou y Portonovo es frecuente ver a los llamados "Niños del mercado" que deambulan por las calles en pequeños grupos en busca de cualquier tipo de trabajo. Son niños, niñas y jóvenes que viven en una situación de vulnerabilidad y que son o han sido víctimas de negligencia, abusos, violencia, explotación.

 

El “Programa de Reinserción de menores y jóvenes en situación de riesgo y vulnerabilidad de Benín”, apoyado por Jóvenes y Desarrollo, convierte a los niños y jóvenes en situación de calle en protagonistas de la defensa de sus derechos, buscando su reintegración familiar, cuando sea posible, y su reinserción. 

 

María ha sido voluntaria de este programa y este es su testimonio:

 

Desde el primer año que fui a Benín, aquel verano de 2011, algo hizo click en mí. Ya había hecho voluntariado en mi ciudad, en Burgos, pero no a nivel internacional, y sobre todo, nunca con esa intensidad. Desde ese año vuelvo todos los veranos, ¡ya es el quinto! Y la verdad me cuesta imaginar un verano sin mis niños.

 

Tras una experiencia así, uno se plantea y se cuestiona muchas cosas, y sobre todo se pregunta: ¿qué puedo hacer yo? La verdad que la respuesta no es como me gustaría, pero siempre se puede hacer algo. Este curso lo había vivido de forma más intensa, me había involucrado más en Jóvenes y Desarrollo: había hecho pendientes y pulseras que luego habíamos vendido en el mercadillo, había hecho una actividad muy interesante en la parroquia para ayudar al proyecto... pero aún así no es suficiente y algo de mí pedía más.

 

Este año fue diferente. Siempre había estado en la barraca de Ouando, en Porto Nava, pero este año me propusieron ir a la de Cotonou. Al principio acepté con recelo, pues me daba penilla separarme de Ouando, por lo que al final quedamos en que iría mitad y mitad. La verdad que me alegro de ello, pues he conocido y vivido otra parte del proyecto. Me he sentido muy a gusto y he aprendido un montón.

 

Lo que más duro me resultaba era ver a niños en Ouando o en Cotonou, que años antes ya estaban allá, pero sobre todos los que habían pasado por el Foyer o incluso el Magone, y se habían escapado. Un caso era Ayla. En 2011 era el niño más pequeño del centro, y al cual teníamos mucho cariño. El pasado verano se escapó y estuvo rondando Ouando, aunque volvía a veces al Foyer. Sin embargo, este año ahí estaba, en Cotonou, irreconocible... no me olvidaré el día que le vi, casi se me salta una lágrima.

 

Samuel, Wilfride, Jack y Walliou, eran otros niños que tras pasar por el Foyer / Magone, volvieron a la calle...y la verdad que cada vez que les veía algo se encogía en mi. En Ouando me pasaba lo mismo con alguno de los niños, a los cuales había conocido el primer y segundo año, y ahí seguían, con esa dureza que esconde a unos niños que en el fondo lo que buscan es ese cariño y esa confianza que seguramente no han podido tener. Pero los casos que más me dolieron fueron los de Thomas y Abiodou, aunque eso sí, ambos, de momento, con final feliz, ya que el uno está actualmente como aprendiz en el Centro Galeri y el segundo con su madre, reinsertado y en principio, preparado para aprender un oficio.

 

Y es que a pesar de los casos de algunos niños, que te tocan un poquillo, el gran orgullo que siento y la alegría que me da cuando veo a niños que conocí hace ya 5 años, cómo han evolucionado y madurado es indescriptible... Algunos de los que conocí en la barraca, ahora están en el Magone aprendiendo un oficio, como Defao o Etienne. Los que conocí en el Foyer o Magone han crecido, madurado, y van al colegio o están aprendiendo incluso acabando la formación... ¡eso no tiene precio!!

 

¡Qué orgullo cuando vi a Severin, Simeon, Pascal...que se habían liberado este año...estaban tan grandes! Y sobre todo, preparados para su futuro. Y eso es con lo que me quedo de todo el proyecto, con las caras e historias de estos chicos, que a pesar de las dificultades y problemas que se han podido encontrar, ahí están, encaminándose y enfrentando su futuro. Y esto es precisamente con lo que me quedo del proyecto: CON ELLOS, chicos y jóvenes que se superan día a día, y que a pesar de todo lo que han tenido que vivir, gracias al proyecto, ahí están, aprendiendo, formándose, y mirando de cara el futuro.

 

 

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