Jueves 30 de marzo del 2017

Nombre: 

Elena Sedano

Localización: 

Maputo, Mozambique

Año: 

2015

Contaré una historia que  una vez. Trataba de unos cooperantes que llegaron a un poblado africano. El poblado se asentaba las orillas de un gran río rodeado de tierras fértiles que quedaban sin cultivar mientras los aldeanos pasaban hambre. Lo primero que hicieron los cooperadores fue comenzar a sembrar. Cuando estaban ya a las puertas del verano, la huerta rebosaba de vida y los cooperadores se relamían imaginando sus frutos. Un buen día, los hipopótamos salieron del río y se comieron los jugosos tallos que ya salían de la tierra, convirtiendo la ribera en los barrizales que eran al principio. Cuando los cooperantes preguntaron al pueblo por qué no les habían avisado, estos contestaron ´bueno, ustedes nunca preguntaron‘.  

 

Me parece una bonita parábola para explicar algo muy fundamental: como voluntarios somos unos simples invitados. Con ganas  y con nuevas perspectivas se pueden aportar muchas cosas, pero primero hay que intentar comprender dónde estamos, y desprenderse de esa arrogancia a la que tendemos cuando vamos a un país “subdesarrollado. Hay cosas que sorprenden que sigan haciéndose tan mal, tan contra el sentido común, pero al final te das cuenta de que se parte de una base muy diferente, y a distintas normas, distinto juego. La cooperación es una asignatura compleja, pero yo entiendo que no se trata de ir a aplicar una serie etapas y enseñanzas de occidente para llegar al desarrollo, si no de aportar capacidades a la sociedad autóctona, con su cultura y sus estructuras, para que pueda ser competente en un mundo de globalización y economías agresivas. Y para ello la población y la gente con la que se trabaja no puede ser un objetivo, si no la protagonista, un agente activo. Hay que entender primero donde estás y después intentar formar parte del proyecto. 

 

 

 

 

 

 

¿Qué hacer y dónde? 

 

1. Escoger un proyecto que de verdad sea significativo para ti y en el que creas que puedes aportar algo.  

 

2. Hay que saber distinguir entre vacaciones solidarias y voluntariado, ambas perfectamente bonitas y aconsejables, pero diferentes. Si vas unas semanas a un lugar completamente distinto a lo que conoces para hacer un trabajo que no es el tuyo, seguramente será una experiencia maravillosa para las dos partes, pero es difícil que el fruto de tu trabajo sea verdaderamente rentable, y normalmente tendrás que sufragar los gastos que generas ayudando a las economías locales.  

 

3. lo más importante: asegurarse de que el proyecto que escogemos tiene el fin de ayudar a la población local y no de hacer negocio, ya que irse de voluntariado (o de vacaciones solidarias) está de moda, con todo lo que eso conlleva. Te invito a recapacitar y buscar información sobre este tema, no vaya a ser que con nuestras buenas intenciones y nuestro dinero acabemos desayudando. 

 

Yo hice mi voluntariado con los Salesianos a través de Jóvenes y Desarrollo en Maputo. Allílos  salesianos tienen el Instituto Don Bosco, una universidad pedagógica cuya misión es formar a profesionales y a futuros profesores de universidad. Personalmente me parece un proyecto precioso, por ese viejo dicho de que si le das un pez a un hombre cenará un día y si le enseñas a pescar comerá toda su vida. Desarrollar las capacidades de los jóvenes me parece una de las mejores formas de impulsar un país, y el enfoque de los salesianos en Maputo de convertirlos en futuros profesores es darle un efecto multiplicador. La formación es el pasaporte para un futuro prometedor, tanto del país como a nivel personal, los alumnos allí lo saben y hacen por aprender. Todo con un sentido del humor y un cariño muy especiales que te hacen disfrutar, y mucho. Además tuve la oportunidad de participar con ellos en un voluntariado que organizaban para ayudar a los niños del barrio a leer y escribir. Mozambique para Mozambique: había algo en eso que me pareció precioso. En fin, a mí me gusta pensar que dejé un trocito de conocimiento y que les ayudé a dar un pasito más hacia adelante. 

 

El día a día 

 

Dicen que ir de voluntariado a África es una experiencia vital que te cambia la vida. La verdad es que muchos días parecían normales, con su rutina, algunos me preguntaba si de verdad estaba ayudando a alguien y otros no encontraba mucho mi sitio. Pero unos pocos sí fueron realmente días claves en mi vida. Y en general, fue un punto de inflexión en el que cambié mi forma de ver muchas cosas. Aunque la verdad es que eres más consciente cuanto más tiempo pasa. Para mí, como para muchos supongo, el voluntariado fue también un viaje muy especial. Como viaje es extraordinarioporque te acerca a las personas, que apuesto a que será lo más maravilloso que te encuentres  en cada lugar al que vayas si aprendes a abrir los ojos y estás dispuesto a exponerte 

Pido una pausa para reflexionar aquí. Una vez leí que estamos acostumbrados a trasladarnos físicamente, viajando por fuera y obviando por dentro. Y ahora viene una pregunta ¿cuántos viajes has hecho que te hayan impregnado de verdadque te hayan roto esquemas? Y no se trata de irse lejos o a lugares exóticos. Tampoco de inspeccionar, analizar y casi automáticamente juzgar. Es dejarse envolver con lo cotidiano y cambiar de perspectiva. Es empatía. Suena a tópico, pero al cabo de un tiempo si haces esto más o menos bien, te darás cuenta de que te has  llevado mucho más de lo que dejaste; que has entendido muchas cosas que antes no aceptabas y ahora sí, y al revés.  

Voy a cerrar con otra buena reflexión que oí en Mozambique, no hace falta viajar a África ni entrar en un programa específico para ser un voluntario. Puedes ponerte el sombrero de voluntario cada día y estar dispuesto a parar y regalar tiempo si a alguien se le han torcido las cosas, porque al final consiste en esoCada vez que vayas a otro lugar, o en el mismo lugar pero con personas distintas, abre los ojos. Hay experiencias determinantes que no precisan de coger un avión. Pero si quieres hacer un voluntariado internacional, que sepas que no hace falta ser especial, solo echarle unas pocas más ganas de las que ya tienes (que por eso estás leyendo esto) y hacerlo de una vez por todas. Así que si estás indeciso inténtalo, y si estás decidido disfruta.

 

 

 

 

 

 

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