Viernes 22 de septiembre del 2017

Nombre: 

Familia Vazquez Cubillo

Localización: 

Macas, Ecuador

Año: 

2015

La experiencia de Inmaculada (la madre):

Jóvenes y Desarrollo se esforzó mucho para encontrar un lugar y un proyecto donde pudieran participar una mamá y sus hijas de 14, 12 y 11 años. Y la comunidad de Macas, al oriente de Ecuador, nos ofreció su casa.

Nos presentaron en la parroquia al día siguiente, y desde ese momento, el saludo en la calle era constante: ¡vivir con los salesianos es toda una carta de presentación!

En dos días iniciaba el Oratorio Vacacional y, aunque había muchos niños y niñas inscritos, el director P. Angel nos enviaba, junto a los animadores, todos los días al mercado, la plaza, la terminal de autobuses y  donde pudieran estar aún los indecisos o los que no se sentían llamados.

Cada día han llegado nuevos, muchos con algunos más pequeños de la mano – fuera del rango de edad para el oratorio- pero es que si no, no venían los mayores, encargados en casa de cuidarles.

Así que todos bienvenidos, hay sitio para todos... Solo hay que preparar más limonada o más guayusa (un té de la zona) y ampliar las “familias” (grupos de edades mezcladas), para así acompañarse unos a otros. ¡Me asombró y me encantó esta pedagogía!

Ximena e Irene han participado en todas las actividades junto a los niños, mientras María ha colaborado en las tareas de animación, aprendiendo.

Hemos jugado todas las tardes al futbolín y al futbol, al baloncesto. Hemos rezado, bailado, cantado y hecho rompecabezas. No siempre ha sido fácil pero siempre satisfactorio: la revisión de la tarde de los animadores nos daba un poco más de experiencia para el día siguiente.

Los sábados se dedicaban a la formación y tiempo libre de los animadores, almorzando con la comida que poníamos en común. Los domingos, después de la misa de las 8:30 a.m., salíamos de paseo con los niños y algunos padres que se sumaban: ¡era el día de la familia! Al río, a la piscina, a alguna finca prestada con un autobús prestado... todos cabíamos.

Hemos convivido durante un mes con esta comunidad de 8 salesianos, con muchos años de trabajo en la Amazonía ecuatoriana, con muchos años también a cuestas y sin embargo, con un espíritu joven y ganas de seguir haciendo comunidad con quien más lo necesita. GRACIAS al P. Angel, P.Juan, P.Silverio, P. Emilio, P. Natale, P. Luis, P. Victoriano y a Don Luchito. GRACIAS por su generosidad, su hospitalidad y su enseñanza de vida.

GRACIAS también a las personas de apoyo en la casa, a dos voluntarias ecuatorianas que ya estaban y a otros dos jóvenes que iniciaban su año de servicio al final del verano. Hemos trabajado juntos, lavado muchos platos, paseado muchos kilómetros, jugado muchos partidos, reído mucho y hemos sido más salesianas y más felices que antes.

 

La experiencia de María (La hija):

Buenos días, son las 6.30 a.m. en Macas. Después de toda una noche durmiendo con un poco de temor a cualquier animal o insecto, me levanto. A las 6.40 hay que ir a la capilla de nuestra comunidad a rezar laudes y a las 7 a desayunar.

Doña Mélida, la cocinera de la comunidad, lleva desde las 05.00 a.m. allí, preparándonos el desayuno. Cuando llegamos nos encontramos con todo tipo de plátanos cocinados de diferente forma: Guineo, Maduro, Verde, Macho. También nos encontramos frutas tropicales que son recogidas de los árboles de la Comunidad. Al terminar vamos a la cocina y ayudamos a Doña Meli a lavar, secar y colocar todos los platos y vasos en sus armarios.

Nos vamos con Tamara, voluntaria de Guayaquil, a las zonas más necesitadas de nuestro pueblo y al mercado a buscar familias, les invitamos a venir a nuestro oratorio, a pasar las tardes jugando y divirtiéndose para no pasarlas en la calle, en el mercado o trabajando. Algunos no se fían, otros ni siquiera nos abren la puerta de sus casa, unos pocos saben del tema y otros nos reciben estupendamente. Les entregamos la información y nos despedimos. Ha sido una mañana bastante dura.

Después de comer, a las 14.00 se abre el Oratorio Vacacional “Padre Luis Bozza”. Empiezan a llegar bastantes niños, el espacio que tenemos es una cancha de baloncesto; el material, unas pocas cartulinas y de juguetes unos cochecitos de madera. ¡Para ellos más que de sobra! Tenemos aproximadamente 120 niños, cada uno con su historia. Habíamos pensado tener niños desde los cinco a los doce años, pero muchos traen  a sus hermanos que tienen que cuidar, de cuatro, tres y hasta dos años. Nos formamos en familias, cada uno tiene su nombre y una canción que les identifica. A mí me toca en la familia de Las Crías, son quince niños, casi todos tienen entre tres y once años, y algunos que incluso  con tan poca edad viven solos. Sí, solos.  Tienen que trabajar para comprar su comida, cocinan, lavan la ropa…una situación que en teoría es para adultos y que con once años ya viven. Algunos incluso solo vienen por la merienda.

Acabamos a las 18.00, después de la evaluación del día, llegamos a la cena, que es a la misma hora. Cuando terminamos vamos a la cocina a ayudar y seguidamente nos vamos a los corrales a recoger los huevos que han puesto durante el día las gallinas y a dar de comer a treinta cuyes, unos roedores parecidos a las cobayas que son una comida típica de los Andes.

¡Por fin un rato libre! Son las 20.00 y estamos todos los voluntarios en la sala de estar evaluando el día en general y programando el día siguiente con las actividades y los juegos que haremos. A las 21.30 ya nos vamos a la habitación a descansar que al día siguiente hay que volver al trabajo, que por duro que sea, no hay mayor recompensa que ver a nuestros niños reír, disfrutar y vivir siempre con una sonrisa de oreja a oreja ante todo. A veces pienso que deberíamos aprender de ellos, aunque no tengan la mejor televisión, ni el último teléfono, ni toda la ropa del mundo, son felices con lo que tienen porque simplemente no necesitan más, eso sí que es vivir feliz.

 

Si deseas obtener información sobre nuestros programas de voluntariado escríbenos a voluntariado@jovenesydesarrollo.org

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