Miercoles 09 de agosto del 2017

Nombre: 

Leyre Sainz

Localización: 

Medellín, Colombia

Año: 

2012

Después de once años, el verano de 2012 volví durante un mes a Medellín y en concreto a Ciudad Don Bosco (CDB) .  Sabía que era muy poco tiempo y que todo habría cambiado mucho. Qué decir de todos los sentimientos encontrados que viví antes de llegar, los miedos de qué estará en pie, qué seguirá, qué no, y cómo me lo iba a encontrar todo. Todo esto lo pensé antes de viajar porque desde que puse un pie en el aeropuerto todos esos miedos habían desaparecido y estaba dispuesta a vivir una nueva experiencia sin sombras del pasado.

En cuanto aterrizó el avión en Medellín empecé a vivir una experiencia que iba a ser única. Ya de camino a Ciudad Don Bosco, desde el aeropuerto, descubrí lo que había crecido la ciudad y poco a poco me di cuenta de que no sólo habían construido por todos lados, sino que el cambio era algo más que edificios nuevos. Ya no se respiraba miedo por todas partes y la realidad había cambiado mucho.
Leyre con los jóvenes de Ciudad Don Bosco.
El encuentro con Ciudad Don Bosco fue un continuo rememorar momentos y personas. Muchas de ellas no estaban ya,  pero el rencuentro con antiguos compañeros después de tantos años no tiene precio y descubrir todo lo que había cambiado para bien, tampoco.

En este tiempo, muchos de los programas del proyecto habían cambiado, naciendo otros nuevos igualmente interesantes y necesarios. Así que después de conocer los proyectos nuevos había que decidirse por uno, cuestión complicada pues con tan poco tiempo por delante en esta ocasión sería absurdo  pretender abarcarlo todo, así que finalmente decidí colaborar en el Hogar de Transición, un hogar para unos 50 chicos de 8 a 16 años con riesgo de exclusión social. Allí las labores a realizar por parte de los voluntarios de verano son principalmente asistenciales, sobre todo teniendo en cuenta que cuatro semanas pasan muy rápido y sólo con conocer el proyecto y situarte ya ha pasado la mitad del tiempo.  

La jornada empieza a las siete de la mañana, cuando los chicos entran a la escuela en Ciudad Don Bosco. Tratamos que todos entren en clase y que ninguno se escape. Sobre la una de la tarde cogemos el autobús que nos lleva al  Hogar justo para la hora de almorzar. Los momentos del comedor son muy importantes. Además  de contribuir a mantener el orden, que coman de todo sentados en una mesa y con un mínimo de normas, es también un buen momento para mantener una charla distendida y generar un ambiente familiar. No siempre lo conseguíamos pero cuando lo lográbamos eran momentos inimaginables.

Después de almorzar llegaba el momento “multiusos”, donde aprovechábamos para animarles a hacer los deberes de clase, dábamos apoyo escolar, participábamos de las actividades programadas para ese día (juegos, talleres, manualidades…). Era el momento de interacción directa con los muchachos y donde te dabas cuenta de que con muy poco también se puede ser feliz. Estos niños, aun con unas historias terribles a sus espaldas, son niños y como tal quieren comportarse y ser felices. Muchos han tenido que crecer de golpe, pero igualmente siguen siendo niños.


En lo tocante al voluntariado, es un tópico decir que recibes más de lo que das pero es completamente cierto. Uno escucha, y trata de enseñar todo lo que sabe. Ellos a cambio te devuelven un cariño y un amor tan puros que nos resulta hasta extraño porque ya hemos olvidado lo que es, al vivir en una sociedad tan individualista y con tantas prisas como la nuestra.

Durante este mes que pasé nuevamente en Colombia, descubrí una calidad humana tal en todos estos niños y adolescentes que todo ello me ha hecho tener esperanza en los jóvenes de hoy en día.

Categoría: 

left

Jóvenes y Desarrollo es una Organización No Gubernamental Salesiana sin ánimo de lucro.

Jóvenes y Desarrollo tiene un firme compromiso con la transparencia y el buen gobierno.