Viernes 15 de diciembre del 2017

Nombre: 

Raquel Castro de la Fuente

Localización: 

Shire, Etiopía

Año: 

2016

Describiría la aventura como muy enriquecedora. Comenzamos perdiendo el vuelo de conexión, con los nervios que nos provocó pero que, tras ese momento inicial de locura, disfrutamos de nuestra primera comida etíope en el aeropuerto y hasta conocimos a otro voluntario de esta organización que se encuentra actualmente en Gambela.

 

La relación con la comunidad fue buena desde un primer momento, intentamos adaptarnos a ellos y cumplir sus horarios desde el principio, cosa que les agradó de sobremanera y que, en mi opinión, facilitó nuestra integración en la casa.

 

Nuestra función en el proyecto era impartir clases de inglés por la mañana a niños y niñas de entre 5 y 16 años, los cuales asistían al curso pagando una cuota de 100 birr. Por las tardes, a partir de la tercera semana, comenzó el oratorio, en el que hacíamos diferentes juegos con unos 150-200 niños y niñas desde los 5 a los 18 años. Durante el año, en la comunidad imparten clases escolares a alumnado de infantil y primaria, y están esperando a que se les autorice y subvencione la construcción de un instituto para que puedan seguir estudiando allí antes de entrar a la universidad. En el aspecto religioso, solo imparten misa de manera privada para los miembros de la comunidad y, extraordinariamente, acuden a capillas en caso de que el cura encargado de la misma no pueda asistir a los rezos por algún motivo.

 

De lunes a sábado nos levantábamos a las 7 am, ya que a las 7:30 comenzaba la misa en la capilla privada de la comunidad. A las 8:00 am se servía el desayuno, que consistía en café, fruta, pan y mermelada o chocolate tipo nutella A las 8:30 comenzábamos las clases de inglés, cada uno en una clase. En mi caso, que me tocó el grupo de los más pequeños y pequeñas, tenía cerca de 90 alumnos/as de niveles dispares, ya que iban desde niñas de 5 años que apenas sabían escribir, hasta niñas de 10 años que sabían lo básico y a las que los colores y números se le quedaban un poco atrasados. A las 11:30 finalizaban las clases e íbamos a reparar libros o a descansar hasta las 12:30, que era la hora de la comida. Las dos primeras semanas, desde la hora de comer hasta los rezos de las 19:30 no teníamos tareas asignadas y, a partir de la tercera semana, teníamos de 15:30 a 17:30 o 18:00 oratorio. A las 19:30 se rezaba y al acabar cena y a dormir. Los domingos nos levantábamos sobre las 05:00 am para asistir a misa, que se celebran antes ese día y el resto del día teníamos tiempo libre.

 

La comida fue algo que me costó por sus sabores fuertes, pero la comunidad hizo un gran esfuerzo por hacerme sentir cómoda en este aspecto. ¡Aprendieron a hacer tortilla de patata y estoy muy agradecida por ello!

 

En la casa convivíamos durante el día con los trabajadores de allí, que se dedicaban al jardín, al mantenimiento y a hacer de guardianes de la casa y también con tres chicas que eran las cocineras y lavandera del lugar. Entre nosotros se creó un vínculo increíble y, el último día, la lavandera nos regaló un cuadro a cada uno, provocando nuestras lágrimas de gratitud y sorpresa, ya que aprendimos en ese mismo instante que es cierto que el que menos tiene es el que más da. (Su sueldo era de aproximadamente 40€, y un vestido allí cuesta sobre 16€, para que os hagáis una idea).

 

Debido a que no recomendaban que exploráramos la zona, la mayoría de los días nos quedábamos en la comunidad jugando con los hijos de los trabajadores, y el cariño que nació fue muy grande. Aún a día de hoy me da pena saber que ya no estoy allí con ellos. Los lavábamos con toallitas, compartíamos comida con ellos, jugábamos al baloncesto, hacíamos pompas de jabón… para mí, esos niños son, sin duda, lo mejor de la experiencia.

 

En cuanto al tema religioso, reconozco que me costó adaptarme a su forma de dar misa, pero en cuanto me aprendí el orden y conocí las oraciones en inglés, era algo que, si algún día por alguna circunstancia extraña no teníamos misa y oración, me faltaba.

 

Eché de menos un poco más de turismo, pero viviendo en donde vivíamos, con las carreteras tan malas que tienen allí, el coche que se cae a trozos y comprendo que con nuestros horarios no era posible ver más de lo que vimos, por lo que me quedo con lo bueno, al final conocimos todo el poblado, y todo el poblado nos conocía y nos invitaba a comer o a tomar café a sus casas y, por donde fuera que pasábamos, se escuchaba a niños, niñas y adultos gritar nuestros nombres y saludarnos…

 

 

La personalidad de los etíopes es muy similar a la de la gente del norte de España como yo, los primeros días te miran con recelo y desconfianza, pero en cuanto ven que vienes a ayudar y a aprender de ellos, son encantadores. El inglés allí solo lo usa alguna gente con estudios superiores, por lo que si quieres comunicarte con ellos, tienes que aprender Amhárico (que sería como nuestro español) o trigriña (que es un idioma regional como el gallego o el catalán).

 

Estos idiomas distan mucho de cualquier idioma que podamos conocer en España pero, si intentas decir alguna palabra en su idioma, la gente hará mil esfuerzos por entenderte y agradecerán y valorarán muy positivamente que lo intentes. Estuve quince días creyendo que una palabra significaba que estaba muy rica la comida, con lo que la decía cada vez que alguien nos invitaba a comer, hasta que, pasados esos quince días me explicaron entre risas, ¡que les estaba llamando guapos a los camareros y a las señoras de las casas!

 

Etiopía es un país lleno de contrastes, y ya no solo entre ricos y pobres, que por supuesto que los hay. Pero hago referencia a otro tipo de diferencias. Es un país en el que encuentras wifi en cualquier lado, pero que durante dos semanas deja de funcionar porque el gobierno lo corta para evitar que copien los universitarios durante sus exámenes. Es un país del que nos llega que hay una sequía monumental, sin embargo ellos se quejan de que la lluvia es la que estropea sus cosechas (no dejó de llover ni un solo día en todo el mes que estuve). Es un país con diversidad religiosa pero que, en

determinadas regiones prohíbe ser musulmán. Es un país en el que mucha gente coge vuelos internos como algo normal y sin embargo, no es normal que una mujer vista como quiera. Es un país en el que es muy común ver a hombres de la mano, pero en el que la homosexualidad está prohibida y en el que afirman que gracias a prohibirla no existe. Es un país muy seguro, que culpa de su pobreza a Eritrea, con la que están en guerra y a pesar de ser tan seguro, es imposible avanzar dos metros sin que un militar esté vigilando.

 

En definitiva, mi experiencia ha sido increíble y he aprendido mucho en muy poco tiempo.

 

 

Categoría: 

left

Jóvenes y Desarrollo es una Organización No Gubernamental Salesiana sin ánimo de lucro.

Jóvenes y Desarrollo tiene un firme compromiso con la transparencia y el buen gobierno.